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martes, 22 de diciembre de 2015

Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins



Si hay algo que puedo asegurar sobre Los Juegos del Hambre  es que no deja indiferente a nadie. Una mezcla de 1984, Battle Royale y el Señor de las Moscas, es la saga que ha puesto de moda la novela distópica juvenil. Trepidante, dinámica y sorprendente novela con una protagonista digna de destacar.


SPOILERS
La historia comienza presentándonos el mundo de Katniss Everdeen: su familia, su pasado, su vida. Nos deja bien claro desde la primera página lo importante que es para ella el personaje de Prim, tanto que el comienzo de los Juegos gira en torno a ella, de manera totalmente previsible, sí, pero necesaria para el desarrollo de esta historia. Conocemos la muerte de su padre, un auténtico drama que tuvo que superar y la convierte en la persona que es.

 Las primeras páginas se centran en describirnos el Distrito 12, la manera de vivir que tienen allí, y se menciona la opresión a la que les tiene sometidos el Capitolio, no sólo a ellos, sino a todos los distritos. Es lo más curioso: no nos enteramos de qué son los Juegos del Hambre hasta que no está claro el inicio de la historia. Como si no fuera suficientemente cruel la situación: gente muriendo de hambre, pobreza e injusticia desmedida. Individualmente Katniss también tiene que cargar con la muerte de su padre y en sacar adelante a su familia. Por si eso no es lo bastante duro, la historia avanza hasta que entramos en materia: en la cosecha nos explican cómo se ha llegado a esa situación y en qué consisten los Juegos del Hambre. A partir de este punto es donde la historia comienza de verdad y se empieza a captar la atención del lector, que ya no soltará hasta que finalice el libro. Es más, diría que no solo el libro, sino la trilogía entera. Pero cada cosa en su momento.

Como no podía ser de otra manera, Katniss va a los Juegos. Eso ya lo sabíamos desde antes de empezar el libro, está claro. Como también sabemos que es la que va a ganar. Sin embargo, me alegro de que Katniss no resulte elegida sin más, eso habría sido demasiado fácil, sino que se presenta voluntaria para salvar a su hermana. Éste es el hecho clave de la historia, muy previsible pero absolutamente necesario, pues no sólo consigue que Katniss vaya a los Juegos y por lo tanto haya libro, sino que refuerza la importancia del amor de Katniss por Prim. La cosecha no acaba ahí, por supuesto, el chico elegido no es un cualquiera: es Peeta, el chico del pan, y en lo que a personalidad se refiere, es todo lo contrario a Katniss, lo que da un matiz muy interesante a la historia.

De esta manera, tenemos a nuestra protagonista y a Peeta en el tren de camino al Capitolio y a los lectores con el corazón en un puño, pues ya sabemos lo que les espera. Espectacular la ambientación de la ciudad y la gente del Capitolio. Gente feliz cuya mayor preocupación es el color del que se pintarán las uñas esa semana, nada que ver con la primera parte del libro y el Distrito 12, en el que la gente muere de hambre. Sin embargo, la historia no se centra en ello. Al menos por ahora, los Juegos son el centro de atención.

 Asistimos a los preparativos de los Juegos a través de Katniss, el estilismo, los lujos del alojamiento que resultan cruelmente irónicos teniendo en cuenta de dónde vienen y dónde van a ir, los entrenamientos. Aquí cobran importancia los personajes de Haymitch, la guía de Katniss, y Cinna, su mayor apoyo. Haymitch, con sus comentarios y su forma de ser, supone en ciertos momentos el alivio necesario para no caer en el drama. Collins nos mete tanto en situación que casi parece que somos nosotros los que estamos ahí, los que nos ponemos nerviosos antes de salir al escenario o cuando vemos a los otros tributos en los entrenamientos. Y entre comida y vestidos fabulosos, desfiles y entrevistas casi nos olvidamos de qué iba todo esto: de matarse unos a otros para sobrevivir. El hecho de que esto sea un espectáculo televisado, un reality show, lo hace especialmente aterrador. Entretanto, Katniss y Peeta se montan su propia historia que será el eje del resto del libro. Ahora somos amigos, ahora no, ahora estamos enamorados y ahora fingimos, lo que aporta mucha más complejidad al libro de la que ya tenía.

Finalmente llega el día de inicio de los Juegos, y Katniss llega al estadio. El capítulo se acaba con la frase: ¡Señoras y señores, que empiecen los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre!, y el libro se convierte en una pavorosa y encarnizada lucha por la supervivencia. Si antes resultaba difícil dejar la lectura, la parte de los Juegos es tan atrapante que dejar de leer resulta prácticamente imposible. Y es que el lector siente el miedo, el terror, la emoción y la adrenalina como la propia protagonista. Esto se debe al mayor acierto del libro: estar narrado en primera persona y además en presente. No leemos lo que está viviendo Katniss, es que vivimos lo que está viviendo ella, y ése es el punto fuerte del libro. Y eso que sabemos que Katniss no va a morir. Que sea la protagonista y que esté narrado en primera persona no da pie a ello, sería bastante raro que muriera y el libro se acabara en mitad de los Juegos, ¿verdad? Definitivamente, este libro no merece ese final. Por eso es tan destacable lo atrapante que resulta siendo tan previsible el final.

Los sucesos durante los juegos son terribles, como no puede ser de otra manera. El comienzo es puro terror y adrenalina, probablemente la mejor parte del libro. El resto de los juegos se podrían dividir en dos partes. La primera parte abarcaría los momentos en los que Katniss está sola y con Rue, en la que ocurren la deshidratación, las bolas de fuego, ataque de las rastrevíspulas y la explosión de la comida, y el libro se convierte en una lucha constante por la supervivencia. Katniss demuestra de lo que es capaz, que es una luchadora, y sufrimos con ella cada percance que se presenta a continuación, hasta que llegamos al punto más culminante del libro: la muerte de Rue. Aunque se veía venir, ésta resulta especialmente dolorosa y es imposible no derramar alguna lágrima. Sin embargo, despierta una chispa en Katniss, que por fin comprende lo que le dijo Peeta en el tejado la noche anterior a los Juegos, y éste es el momento en el que empieza su guerra ya no en los Juegos, sino contra el Capitolio, aunque ella aún no se ha dado cuenta del todo.

La segunda parte empieza cuando va buscar a Peeta. Ya quedan menos tributos en el estadio y comenzamos a sentir la esperanza de Katniss de poder volver a casa. Es curioso, pues en este punto de los Juegos ya hemos visto que Katniss es perfectamente capaz de cuidarse sola y mantenerse con vida, es capaz de ganar los Juegos, sin embargo, acude en busca de Peeta y eso la hace más vulnerable, pues él está gravemente herido. Collins nos da un respiro dejando que la pareja ponga en funcionamiento su actuación romántica. Bueno, actuación para Katniss claro, Peeta por otra parte está realmente enamorado de ella. Y así vamos viendo cómo poco a poco Peeta va siendo cada vez más importante para Katniss hasta el punto de no querer vivir sin él. Eso la lleva a acudir al banquete, escena en la que vuelven a quedar patentes la crueldad y violencia de estos Juegos. La actitud compasiva de Thresh nos hace lamentar aún más su muerte más adelante, que sólo se menciona. La Comadreja prometía también alguna escena más espectacular, aunque el modo de su muerte es interesante. Finalmente, la escena de los mutos resulta grotesca, leemos las últimas páginas de los Juegos como si se tratase de una auténtica pesadilla. Hasta que llegamos al momento de las bayas, el episodio más importante del libro que supondrá repercusiones en las secuelas, de lo que Collins deja pinceladas en el último capítulo. Y, ¡sorpresa! Estaba claro que Katniss tenía que ganar, pero la forma en que se resuelve el dilema de qué va a pasar con Peeta es buena, y poco previsible.

Me gustaría puntualizar algunos aspectos que no he destacado en el análisis. Como seguramente os habréis dado cuenta, no he mencionado a Gale ni una sola vez. Y es que no es necesario, es un personaje importante por lo que supone para Katniss pero en este libro la verdad es que es bastante secundario. Sólo intuimos la importancia que va a tomar en las secuelas cuando Katniss empieza a pensar en él después de los Juegos, lo que hace que nos preguntemos cómo va a acabar este lío. Tampoco he hablado de la insignia del sinsajo. Es un detalle importante, pues el sinsajo se ha convertido en el símbolo de Katniss a lo largo de los Juegos, tanto por la insignia como por Rue, y eso tiene su significado. Además, me gustaría recalcar por última vez a Katniss como protagonista. Superviviente, valiente, luchadora, con los elementos que la caracterizan, su arco, su sinsajo, su trenza y las llamas, ella sola se vale y se basta para causar nuestra admiración. Un personaje con muchísima profundidad y de las mejores protagonistas que he visto en un libro.

Y así terminamos, preguntándonos qué pasará entre Peeta y Katniss ahora que Peeta se ha enterado de la farsa, tan confundidos como Katniss con respecto a sus sentimientos, y con la palpable amenaza del Capitolio abriendo paso a la secuela. Y es que acabamos con la sensación de que estos Juegos del Hambre han terminado, pero sólo es el comienzo de que  algo mucho más grande está por llegar. Un libro sensacional y altamente recomendable, con una evidente crítica social, tal y como pone en la contraportada del libro: una visión implacable de hasta dónde podría llegar un Gran Hermano desquiciado en una sociedad sin ética ni moral.


¡Espero que hayáis disfrutado del análisis y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte!



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- Oye, Todd, esta persona ha leído la entrada y no ha publicado ningún comentario.
- Espera un poco, Tedd. Dale tiempo para que pueda escribirlo.
- No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.
- Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.

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