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sábado, 21 de enero de 2017

Harry Potter y El Misterio del Príncipe (Mestizo), de JK Rowling



La saga se acerca a su final, y en esta sexta parte “Harry Potter y el Misterio del Príncipe” pasan cosas decisivas para su transcurso. Es uno de los libros más fascinantes de la serie, que resuelve algunas cuestiones pero abre muchas otras de las que ya no tendremos respuesta hasta el final. Por otra parte, no entiendo por qué el título se tradujo al español como “Misterio del Príncipe” y no como “Príncipe Mestizo”, que sería la traducción más cercana al título original, además de ser mucho más acorde con la trama. Por lo tanto, a partir de ahora me referiré a este libro como “Harry Potter y el Príncipe Mestizo”.


SPOILERS
Este sexto libro comienza completamente diferente a los anteriores. En casi todos empezábamos siempre con Harry en casa de los Dursley, excepto en el cuarto, “Harry Potter y el Cáliz de Fuego”, en el que se nos introducía a la novela con el sueño en la mansión de los Ryddle. Esta vez comenzamos con un capítulo sumamente interesante sobre el primer ministro muggle, en el que nos enteramos de que está al tanto del mundo mágico y que el Ministro de Magia se comunica con él, esta vez para informarle de la vuelta de Lord Voldemort, al que se relaciona inmediatamente con las catástrofes ocurridas en el mundo muggle. Seguidamente, tenemos otro capítulo también muy interesante con Snape, Narcisa, Bellatrix y Colagusano, y que sirve para ir introduciendo en el lector esa duda acerca de Snape, que será importante en este libro. Sin saber muy bien qué pensar (¿está Snape actuando por cuenta propia o por orden de Dumbledore?) asistimos al Juramento Inquebrantable entre Narcisa y Snape para proteger a Draco Malfoy, quien tiene una misión que realizar para el Señor Tenebroso, adelantándonos algunas cosas de la trama.

Ya de nuevo con los Dursley, resulta gratificante ver cómo Dumbledore les echa la bronca sobre cómo han cuidado a Harry, con ese estilo suyo tan educado. Cuando van a buscar al profesor Slughorn, que es todo un personaje, ya vemos que el Dumbledore de esta parte va a ser muy distinto al de la parte anterior, mucho más cercano, lo que resulta un alivio tras su actuación distante del quinto libro. De vuelta una vez más en la Madriguera, tenemos la sorpresa del compromiso de Fleur Delacour con Bill, aunque si hemos estado atentos durante las lecturas anteriores, ya teníamos pistas sobre esto. Recordemos que en “El Cáliz de Fuego” Fleur miraba con interés a Bill el día de la última prueba del Torneo de los Tres Magos, y en “La Orden del Fénix” se menciona que Bill daba clases de inglés a Fleur. La otra gran sorpresa de este libro es Ginny. En realidad, ya desde libros anteriores se la veía venir, especialmente desde el anterior, pero en éste desvela una arrolladora personalidad a la que hasta entonces no se había dado importancia. Ahora, Ginny adquiere cada vez más un protagonismo que viene pisando fuerte desde su primera aparición en el libro. Maravillosa la evolución del personaje.

Poco a poco vemos el caos en el que se va sumiendo la comunidad mágica. Las desapariciones o los locales cerrados del callejón Diagon nos dejan en un estado de intranquilidad y preocupación. Por suerte, se nos presenta la tienda de artículos de broma de Fred y George, Sortilegios Weasley, que supone un punto de color en medio de tanto gris.

Ya desde el principio Harry empieza a sospechar de Draco, cuando se encuentran en el callejón Diagon, pero a medida que avanza el libro está cada vez más obsesionado con él, llegando hasta el punto de cometer verdaderas irresponsabilidades dada la situación, como en el expreso a Hogwarts. Sin embargo, al final se demuestra que sus sospechas eran correctas.

Este año en Hogwarts se caracteriza por los siniestros sucesos que ocurren durante el curso, especialmente los de Katie Bell con el collar y Ron con el veneno. Estos hechos aportan tenebrosidad y oscuridad al libro, aumentando por momentos la inquietud de los lectores, que vamos viendo que en esta parte va a pasar algo gordo, pues Voldemort y la magia oscura están más presentes que nunca. Se ve que algo malo se avecina.

Aparte de los hechos oscuros del libro, también cabe destacar la temática amorosa, la más desarrollada hasta ahora en la saga. Ah, Ron y Hermione. Vaya par. Por fin esta relación empieza a despuntar. Ya en el cuarto libro pudimos ver a un Ron celoso de que Hermione asistiera al baile de Navidad con Viktor Krum, y ahora es Hermione la que se pone celosa cuando Ron empieza a salir con Lavender. Es cuestión de tiempo que ambos acaben juntos, y es bonito ver cómo van descubriendo su sentimiento hacia el otro después de tanto tiempo siendo amigos. Por otra parte… ah, Harry y Ginny. Tenía que pasar, y se ve venir desde casi el principio, que se va mostrando cómo a Harry le va gustando Ginny cada vez más, cuando en los primeros libros era justo al revés. Y es que esta nueva Ginny es perfecta para desencadenar esta relación. Qué lejos queda la Ginny de la Cámara Secreta que enmudecía en presencia de Harry… su cambio ha sido espléndido, coherente y muy acertado. Tras la muerte de Sirius y el acercamiento cada vez mayor entre Ron y Hermione, Harry necesita alguien más en el que apoyarse, esta vez una pareja, y Ginny es perfecta para ello. Y por último… Tonks y Lupin. Qué relación tan bonita y difícil. 

Por supuesto, es importante también la trama que da nombre al libro, aunque creo que es el título menos conveniente a esta novela. Realmente el Príncipe Mestizo no es un personaje demasiado relevante. Vale que está el misterio de quién es, que su libro de pociones ayuda a Harry, pero, ¿qué relación tiene realmente con la trama? Si la novela le eliminamos ese libro de pociones y ese misterioso personaje la trama no se vería afectada. Sin embargo, uno lo entiende al final cuando descubre quién era realmente el Príncipe Mestizo. Snape. Esta sexta parte es su libro. El personaje merecía esa importancia debido al final, y el título está dedicado a él. También se podría pensar durante la lectura que el Príncipe podría ser el propio Voldemort, que es uno de los personajes a los que se da más importancia en esta parte, por lo que al fin y al cabo, termina siendo un título adecuado.

Cabe destacar también a Harry siendo capitán del equipo de quidditch de Gryffindor, las acostumbradas clases, y en especial al nuevo personaje, Slughorn. Está realmente bien definido, uno no termina de saber si le cae bien este profesor o no. De lo que no hay duda es de que derrocha carisma, encaja como un guante en la trama y no se queda atrás en cuanto a personajes en esta extensa saga. Me gusta cómo consigue Harry el recuerdo de él, en el funeral de Aragog, que conocimos en el segundo libro, relacionando de esa manera tan genial unos libros con otros. Por otra parte, aunque no tiene toda la importancia que se esperaría, está el nuevo ministro de magia, Scrimgeour, con el que Harry sabe lidiar notablemente en casa de los Weasley. No era para menos, después de la actuación del Ministerio del año anterior. Atención también a la aparición de Percy, al que se puede notar un ligero arrepentimiento, aunque no lo demuestre con su familia.

Otra trama magníficamente llevada es la de Malfoy. Cómo se nota la evolución de los personajes en este libro, y la de Draco es de hacerse notar. Ya no es ese niño repelente y engreído de los anteriores tomos. Draco cambia. La ausencia de su padre y la presión y la responsabilidad de lo que tiene que hacer le superan hasta el punto de que nos causa incluso lástima. ¿Quién nos iba a decir que sentiríamos pena por Draco Malfoy? Pero verle tan demacrado, con tanto miedo, llorando y derrumbándose en el lavabo de los chicos y siendo posteriormente atacado mortalmente por Harry lo humaniza y nos hace incluso empatizar con él una vez conocemos su cometido. Un cometido que al final no es capaz de cumplir. Y es que Draco tiene mucha palabrería, pero a la hora de la verdad se demuestra que no es capaz de matar a Dumbledore, bajando la varita antes de la llegada de los demás mortífagos. Este libro consigue que veamos a Malfoy como un chico atormentado, que teme por él y por su familia, y, en el fondo, no tan malvado como parecía.

Pero vamos ya con la joya de este libro. Lo que lo convierte indiscutiblemente en uno de los mejores de la saga. Lo que nos deja a todos los lectores ávidos de leer el séptimo libro, de conocer el final de Harry Potter. Por supuesto, me refiero a los recuerdos acerca del pasado de Voldemort. No hay otra manera de calificarlo, es una pasada. Rowling nos acerca al villano que ya conocemos desde un punto de vista muy diferente, descubriéndolo como la persona que fue. Por primera vez, vemos a Voldemort como algo más que el gran villano, lo vemos como un humano (todo lo humano que puede ser), con una vida detrás, y esto hace que el personaje adquiera una profundidad que sólo habíamos atisbado hasta ahora (algo se nos presentó en “La Cámara Secreta”). Sin embargo, es un villano que no se llega a humanizar, no se da una verdadera explicación a por qué tiene esas motivaciones. Simplemente es malvado, ya está. Pero la muestra de sus orígenes dada en forma de recuerdos y las hipótesis elaboradas por Dumbledore sobre su vida hacen que los lectores nos enganchemos a la lectura como lapas. Nos presenta a sus padres, sus orígenes, esa triste y desdichada historia de su madre Mérope (una squib, ojo) y la vida que tuvo que soportar con su padre y su hermano, que se nos muestra en una escena que deja los pelos de punta. Su padre muggle, que vivía en la mansión que ya conocimos en “El Cáliz de Fuego”, Tom Ryddle senior. Ese Tom Ryddle niño viviendo en el orfanato y esos siniestros incidentes con los otros niños, que parece casi sacado de una novela de terror. Ese Tom Ryddle adolescente en Hogwarts dejando caer ya las semillas que lo convertirían en el mago oscuro más poderoso de todos los tiempos, ese Tom Ryddle joven mostrando interés en reliquias, asesinando a su padre y abuelos y más, urdiendo planes desde muy temprano para evitar la mortalidad, convirtiéndose finalmente en Lord Voldemort. Es fascinante el recorrido que hacemos durante el libro por los hechos más relevantes de su vida, y la importancia que tiene esto sobre la trama: Horrocruxes. El propio nombre inspira pavor. Y aquí tenemos la respuesta a por qué Voldemort sobrevivió la noche que quiso matar a Harry cuando era un bebé, cómo pudo vivir en el cuerpo de Quirrell, qué era el diario del segundo libro, cómo fue posible su vuelta en el cuarto. Por favor, una ovación para Rowling. Portentoso cómo ha conseguido relacionar todo, cómo tenía una explicación para cada hecho de cada libro. Se cierran esas preguntas que ya nos veníamos haciendo desde libros anteriores, pero ahora se abren nuevas. ¿Dónde están los Horrocruxes? ¿Qué objetos pueden ser? ¿Cómo dar con ellos? Queda un sendero abierto hacia la séptima y última parte.

La parte de la cueva y los inferi parece de nuevo sacada de una novela de terror. Un lago lleno de cadáveres al que se accede con sangre en la piedra, una poción que enloquece a Dumbledore… creo que no me equivoco al afirmar que es la escena que más terrorífica de toda la saga. Qué lejos queda el infantilismo que caracterizaba a la primera novela… 

Pero aún queda lo peor. La Marca Tenebrosa encima de Hogwarts, la torre de astronomía, Draco, los mortífagos, Snape… y la muerte de Dumbledore. La mente del lector queda en shock. “No, no puede ser… Snape no…” Qué momento tan duro, el más duro de la saga. Más que la muerte de Cedric Diggory o la de Sirius. Es difícil aceptar la muerte de un personaje tan importante en la saga como Dumbledore, y además de esa forma. Snape, ya no nos queda ninguna duda, era leal a Voldemort: el segundo capítulo del libro ya nos avisó. Y Harry, tras tantas sospechas y saber que Malfoy tramaba algo, junto con presenciarlo sin poder hacer nada, dirige todo ese odio, rabia y culpa hacia Snape. No olvidemos además de que hemos descubierto que fue Snape el que informó a Voldemort de la profecía.

El funeral de Dumbledore es uno de los momentos más dramáticos y emocionantes de la saga. Es imposible no derramar alguna lágrima, pues la autora se extiende y nos lo narra con todo detalle, tanto que el asunto del guardapelo queda en un segundo plano para Harry, aunque no para los lectores. ¿Quién es R.A.B.? ¿Cómo descubrió el secreto de Voldemort? ¿Destruyó realmente el guardapelo? 

Todo esto deja encaminada la séptima y última parte de la saga. Están destruidos el anillo y el diario, del guardapelo no sabemos nada, y tampoco de las otras cosas que creemos que pueden ser Horrocruxes (la copa de Hufflepuff, algo de Gryffindor o Ravenclaw, la serpiente…). 

Fascinante sexta parte de la saga Harry Potter, siniestra, terrorífica, oscura y trágica, con brillante trama y evolución de personajes. Grandioso universo, al que sólo queda una novela para finalizar.



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