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sábado, 2 de septiembre de 2017

El Código Da Vinci, de Dan Brown


“El Código da Vinci” es una de las novelas más conocidas internacionalmente de los últimos tiempos. Ha sido uno de los best-sellers con más exitosos, (casi todo el mundo se ha leído “El Código da Vinci”), y de los que más ha dado que hablar, lo que no es de extrañar. A pesar de ser una novela de ciencia ficción, el misterio que se resuelve en el libro, las explicaciones que se dan y todas las pistas y enigmas relacionadas con obras de arte se tratan de una manera tan real y tan convincente que uno de los grandes atractivos de esta novela es que el lector se cuestione cuánto es verdad y cuánto es ficción.



SPOILERS

Mientras que “Ángeles y Demonios”, mucho más impresionante y épica, se caracteriza por ser demasiado inverosímil, con “El Código da Vinci” ocurre todo lo contrario. La trama no es tan pretenciosa como su novela predecesora, tiene muy claro lo que pretende contarnos y lo hace de una manera muy realista, sin caer en la exageración, y esto es un punto a favor de la segunda novela de la saga “Robert Langdon”. Por otra parte, a pesar de ser novelas independientes unas de otras, sí que hay algunas referencias a la primera novela, como la mención a Vittoria, los Archivos Vaticanos, el cónclave del año anterior o el nuevo Papa, lo que ayuda a relacionar una novela con otra dentro del mismo universo, ofreciendo una continuidad con absoluta independencia.

Uno de los puntos fuertes de estas novelas es que ese universo es nuestra sociedad actual, y que todos los lugares, obras de arte, artistas, sociedades secretas y rituales existen o existieron de verdad, lo que aporta un gran realismo a la narración, muy especialmente en esta novela.

El libro comienza con otro asesinato, esta vez en Francia, en el museo del Louvre, en París. Su conservador, Jacques Sauniére, aparece emulando el hombre de Vitrubio, de Leonardo da Vinci, junto con unas extrañas inscripciones en el suelo, y nuestro pobre Langdon se ve de nuevo envuelto en la situación sin pretenderlo. Con la llegada de Sophie la trama va tomando forma, y se inicia una búsqueda propiciada por la resolución de una clave tras otra, aunque al principio aún no sabemos adónde nos va a llevar. De la desordenada serie de Fibonacci concluimos que los mensajes son anagramas que nos llevan hasta la Mona Lisa, que a su vez nos lleva a La Virgen de la Rocas, en la que encontramos una llave y una dirección. Con estos enigmas el libro ya nos mantiene enganchados por completo, y nuestro interés se mantiene en cómo resolver cada prueba para pasar a la siguiente.
Mientras tanto, se va desarrollando la subtrama paralela del Opus Dei, del obispo Aringarosa y de Silas, dirigidos por el misterioso Maestro, en la que poco a poco se nos van aclarando sus motivaciones, así como las historias de los personajes.

La resolución de los enigmas viene acompañada por la persecución de la policía, lo que aporta acción y dinamismo a la narración. Tras la visita al banco suizo los protagonistas se hacen con la caja de palisandro y con el primer criptex. Hasta aquí, y gracias a los conocimientos de Langdon sobre el tema, ya sabemos que lo que estamos buscando tiene relación con el Santo Grial, y también ya se nos ha dado a conocer el Priorato de Sión. De esta manera, el libro ya nos ha preparado el terreno para el momento crucial de la trama, la explicación del gran misterio del Santo Grial, que se nos da de manera magistral en el Cháteau Villete, de la mano de Leigh Teabing y del propio Langdon. 

Dicha explicación es la parte más importante de la novela, y el autor se toma su tiempo hasta llegar adonde pretende, pasando primero por la historia del Santo Grial y por Leonardo da Vinci hasta llegar a Jesús. El acompañamiento del cuadro de “La última cena” de da Vinci, así como algunas citas, aportan un toque realista a la novela, pues todo ello conecta  a la perfección con lo que se nos cuenta, y a pesar de ser una novela de ficción, llega a hacernos reflexionar. Tras pasar por estas pruebas, se nos concluye que el Santo Grial no es el cáliz santo que todos esperábamos, sino una persona: María Magdalena. A partir de entonces la explicación continúa mientras que Langdon y Teabing nos ofrecen más pruebas del matrimonio entre Jesús y María Magdalena, y la misión que le encomendó de construir la Iglesia una vez él no estuviera. 

Toda esta explicación es absolutamente fascinante a la par que sorprendente, así como la manera en que se nos da, dejando a los lectores tan boquiabiertos como a Sophie. En este punto la historia ya nos tiene completamente enganchados. No entraré a comentar la veracidad o falsedad de todo lo que se explica en el libro, pues hay infinidad de críticas sobre ello, y se aparta de la temática de mi análisis, que es la novela en sí. 

De esta manera, se nos relaciona todo este asunto del Santo Grial, María Magdalena y la descendencia de Jesucristo con el Priorato de Sión, cuyo deber no era sólo proteger este secreto, sino también a la propia descendencia. Esto nos conecta con todo lo que ya se nos había contado durante el libro y las ideas de Jacques Sauniére, y todas las piezas del puzle encajan. De hecho, se deja entrever ya quién es realmente Sophie, aunque rápidamente se descarta esta idea, restándole importancia por la no coincidencia de los apellidos, reservando esta última sorpresa para el final.
A pesar de que toda esta explicación se sostiene por sí misma, el autor la corrobora una vez más con algunos ejemplos de la actualidad que no tienen nada que ver con esta historia, como Walt Disney. 

Tras todas estas apabullantes declaraciones, la historia continúa con la intervención de Silas, la incansable persecución policial y la precipitada huida del Cháteau Villete. El libro retoma el dinamismo y sigue la mecánica de ir resolviendo pistas para encontrar otras nuevas, aunque ya sí sabemos qué están buscando los personajes.

Tras la apertura del primer criptex, el enigma nos conduce a la tumba de un caballero de Inglaterra. Las diferentes tramas que habían llevado hasta ahora los diferentes personajes se entrecruzan, pasando a formar una sola. 

Después de la supuesta traición de Rémy, los caminos de los personajes se vuelven a separar. Esto da lugar a que descubramos quién es el misterioso Maestro que aparecía desde el inicio del libro, lo único que no me gusta de esta novela. Que Teabing sea el Maestro resulta chocante, pero no por la sorpresa que causa, sino porque el libro no se había preparado para ello. El hecho de que la novela esté escrita en tercera persona no impide que nos diga de vez en cuando cómo se sienten los personajes o lo que piensan, y esto ocurre con Rémy. Se nos dice que Rémy está harto de servir a Teabing. Un párrafo cita textualmente:

“Hacía poco más de un año, era simplemente un mayordomo de cincuenta y cinco años que vivía encerrado entre las cuatro paredes del Cháteau Villete, siempre a punto para satisfacer los caprichos de sir Leigh Teabing, ese lisiado insoportable.”

 Si Rémy sabe que Teabing es el Maestro, ¿por qué le llama entonces lisiado insoportable? Esto no cuadra mucho en la historia, y lo que pretende aquí el autor es seguir la estrategia de querer despistar al lector para asegurar la sorpresa final, pero de una manera en la que se engaña a propósito al lector, y eso no me parece correcto.

Finalmente, se desvela el misterio final, en el que Sophie se reúne con su familia que creía muerta, su abuela y su hermano, y descubre que sí que pertenece a una de las familias descendientes de Jesús, un final muy correcto, aunque no la ubicación del Santo Grial, los restos de María Magdalena, que no conocemos hasta el epílogo. 

Los personajes resultan mejor construidos que en “Ángeles y Demonios”, excepto Robert Langdon, que a pesar de ser el protagonista sigue sin tener profundidad. Sin embargo, ocurre lo contrario con Sophie y con Silas, cuyas historias nos ayudan a entender sus acciones. La trama de Silas, que concluye de esa manera tan violenta, es bastante diferente al tema principal del libro, pero es el ejemplo de cómo la religión ha conseguido cambiarlo como persona. Es un personaje poco común de Dan Brown, que se presenta como una especie de villano, pero diferente a lo acostumbrado a las otras novelas, y que lo hace un personaje interesante. Por otra parte, Teabing es el personaje más carismático de la lectura, aporta desenfado y dinamismo hasta que da el giro de personalidad.

Vuelvo a recalcar mi admiración ante la intensa labor de investigación que realiza este autor en cada libro: las citas de libros, pinturas, información sobre Leonardo da Vinci y otros artistas, asociaciones secretas y rituales, las descripciones de ciudades y lugares más concretos, como el Museo del Louvre, y muy especialmente cómo ha conseguido que todos estos datos reales encajen con la trama a la perfección, tal y como he comentado anteriormente.  

“El Código da Vinci”, un libro que causó un gran impacto en su momento, una trama increíblemente trabajada y disfrutable, y una de las novelas más famosas de todos los tiempos.



2 comentarios

  1. Hola!
    Hace muchos años empecé a leer este libro... pero no me convenció nada y tuve que dejarlo a la mitad!! Supongo que no era el momento.. A ver si me animo y vuelvo a intentarlo!
    Saludos!

    Alicia.

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    Respuestas
    1. Seguramente no fuera el momento, pero siempre puedes darle otra oportunidad!
      ¡Un abrazo!

      Eliminar

- Oye, Todd, esta persona ha leído la entrada y no ha publicado ningún comentario.
- Espera un poco, Tedd. Dale tiempo para que pueda escribirlo.
- No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.
- Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.

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