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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Película Asesinato en el Orient Express, de Kenneth Branagh


La principal dificultad de la adaptación cinematográfica de “Asesinato en el Orient Express” residía en llevar a la gran pantalla una novela corta, que se centra por completo en el único tema del asesinato del tren, con mucho razonamiento y lógica y nada de acción, y conseguir presentar a todos los sospechosos, el misterio y el crimen de una manera atractiva para los espectadores partiendo de un libro que desde luego no está escrito para ser una película. Y la adaptación lo consigue… a medias. Porque tenemos a un protagonista que crea gancho, una memorable presentación de cada sospechoso, unas impresionantes imágenes del tren, pero la película falla a la hora de recrear el halo de misterio e intriga de este crimen, y no consiguen sacar todo el partido que deberían haber sacado de ello. Unas declaraciones precipitadas, una preocupante dejadez de algunas pistas y hechos, la falta de más razonamiento lógico y el añadido de algunas escenas de acción definitivamente sobrantes hacen de “Asesinato en el Orient Express” una película que, sin llegar ni mucho menos a ser una mala adaptación, tampoco llega a ser todo lo perfecta y redonda que podría y debería haber sido.


 SPOILERS

El caso es que la trama del libro no sufre la menor modificación en la película. El asesinato perpetrado de la misma manera, las mismas pistas, igual resolución, un guión que sigue casi paso por paso el sendero que marca la novela. En los personajes sí han tenido lugar algunas modificaciones, como el cambio de la enfermera sueca a ser una misionera, o la fusión de los personajes del coronel Arbuthnot y el médico Constantine. Sin embargo, estos pocos cambios no son relevantes para la trama original. Siendo todos estos aspectos prácticamente idénticos al libro, ¿cuál es el problema entonces? El problema está en la manera de tratarlos en pantalla. No se trata con suficiente cuidado cada hecho que ocurre, no se aporta suficiente importancia a las pruebas encontradas, no se hace hincapié en estos aspectos, lo que da lugar a que el espectador no los retenga en su memoria como debería haber sido, por lo que la tensión y la intriga se reducen considerablemente. Por el contrario, el tiempo que se podría haber empleado en cuidar estos detalles e introducir más razonamientos lógicos, argumentos o hipótesis sobre el crimen se rellena con escenas que incluyen una persecución por el puente del tren o un tiroteo, escenas que pretenden introducir una acción que el film no necesita, pues el propio misterio y la intriga que éste conlleva se bastan por sí solas para mantener la atención del espectador.

Otro aspecto que la película no consigue transmitir es ese ambiente clásico, de época, que el libro rebosa por los cuatro costados y que le crea ese encanto tan especial.

El inicio de la película se centra en la presentación de nuestro protagonista, el detective Hércules Poirot. Poirot aparece como un personaje analítico, calculador, perfeccionista, obsesionado con el orden hasta un extremo casi enfermizo, pero a la vez simpático y sofisticadamente divertido. La adaptación ha preferido mostrarnos al protagonista con una personalidad mucho más extravagante que en el libro, lo que puedo entender, pues con ello pretenden crear gancho con un personaje muy definido, lo que me parece acertado. Sin embargo, el Poirot del libro es infinitamente más humilde, cualidad que no posee el Poirot de la película, al que también le falta un cierto tacto y sensibilidad a la hora de actuar en las investigaciones e interrogatorios, pues en la película va mucho más a saco. Además, diría que el Poirot del libro es también bastante más calmado y no pierde los nervios en ninguna situación, mientras que al de la película se le ve más enérgico.


Resuelto el caso en la ciudad de Jerusalén conocemos a dos de los sospechosos en un barco en vez de en el Taurus Express: miss Debenham y el coronel Abuthnot, fusionado con el personaje del médico de la novela, y con una personalidad bastante más amigable que el coronel de la misma. Por su parte, miss Debenham también es mucho más agradable y simpática que en el libro, en el que recordemos que era una joven bastante seria y fría. Al contrario que en la novela, ambos personajes entablan conversación con Poirot en vez de ignorarle. Asimismo, la complicidad entre ellos está bien mostrada, y no faltan las frases que se dicen entre ellos y que Poirot escucha, y que le serán una valiosa pista ya en el Orient Express.

Seguidamente conocemos a monsier Bouc, al que me esperaba un poco más viejo, y Poirot recibe el telegrama que se niega a leer al afirmar que sabe su contenido, reforzando esa visión de soberbia de la que carecía por completo en el libro. Como resultado, acabamos en el Orient Express, y las imágenes de esta escena se dedican a presentarnos a todos los personajes que viajan en el vagón Estambul-Calais, de una manera interesante, yendo de uno a otro para que los espectadores nos familiaricemos con ellos.  Aparte de la sueca convertida en misionera y la fusión del coronel y el médico, otros cambios en los personajes son el detective estadounidense que se hace pasar por profesor, Masterman, el mayordomo, que aparece bastante más viejo que en el libro (en el que se le describe como un muchacho), el conde, que muestra una excesiva agresividad, o miss Hubbard, que dista de ser esa mujer dicharachera y algo ingenua del libro. Por otra parte, otros personajes están clavados a la novela, como la princesa Dragomiroff, su criada o Ratchett.


A partir de este punto es donde, en mi opinión, la película empieza a bajar ligeramente el nivel. La noche del asesinato, que es un momento clave, se desarrolla de una manera demasiado precipitada. Se mantienen el grito que despierta a Poirot, el encargado que va al compartimento de Ratchett y habla con nuestro detective y la mujer del quimono escarlata que podemos atisbar nosotros mismos. Sin embargo, falta la discusión de la señora Hubbard con el encargado acerca de que un hombre estaba en su compartimento, algunos ruidos provenientes del compartimento contiguo, el de Ratchett, y algunos timbrazos más llamando al encargado que hubieran proporcionado un mejor orden de los hechos en las posteriores declaraciones.

A la mañana siguiente se descubre el crimen y se procede a las declaraciones de los sospechosos, que es la parte más larga del libro, pero que aquí aparece resumida de más. No obstante, se comienza muy bien, pues el ir mostrando imágenes de una declaración a otra evita el aburrimiento del espectador. A pesar de ello, se podría haber jugado mucho más con estas declaraciones, por ejemplo ofreciendo imágenes de cómo habría ocurrido cada declaración de cada sospechoso ofreciendo una hipotética reconstrucción de los hechos de la noche anterior. Se muestra también más o menos cómo Poirot emplea un método diferente con cada uno de ellos, pero sólo a través de los escenarios en los que los interroga, en los que aparece también el exterior del tren, mientras que en el libro ese método era más sutil y se basaba en palabras cuidadosamente elegidas o gestos sutiles que parecían aleatorios. Echo mucho de menos que Poirot pregunte a cada uno de ellos si tiene una bata escarlata, si es suyo el pañuelo con la H bordada o bien si fuma en pipa, pues no se explica cómo sabe que el coronel es el único que fuma en pipa de todo el vagón. Hay una dejadez con estos detalles que me resulta alarmante, pues forman parte del misterio y no se les da la suficiente importancia, al igual que al orden en el que se han sucedido los hechos durante la noche, y que es uno de los pilares de la novela. Se echa en falta pues una explicación o razonamiento por parte del detective a estas alturas de película en la que nos aclare los puntos principales del misterio, que el libro ofrece en forma de resumen, pero en lo que la adaptación no hace una pausa que habría sido conveniente.


Vamos ahora con las escenas que, a mi parecer, no hacen más que rellenar la película con acción innecesaria que no aporta demasiado a la trama más allá de un fallido intento de aumentar la tensión. Una es la persecución en el puente donde ha quedado parado el tren, en la que McQueen intenta quemar, creo recordar, unas cartas. Se supone que intenta destruir una prueba, pero esa carrera no viene muy a cuento, y por un momento parece que es el único y verdadero asesino, lo que resulta un tanto descolocador. La otra escena es en la que el coronel Arbuthnot le dispara a Poirot y se declara a sí mismo como culpable. Esto último tiene su lógica, pues lo hace para proteger a Debenham, pero, ¿disparar a Poirot y llegar casi a matarlo? No tiene mucho sentido que el coronel pierda los estribos de esa manera. Y, por último, tenemos ese apuñalamiento falso a la señora Hubbard, cosa a la que tampoco encuentro sentido, pues la forma en la que encuentran el puñal en el libro es mucho más lógica (recordemos que el arma se encontraba en la jabonera de la señora Hubbard). Si ya sabemos que Ratchett había recibido amenazas y temía por su vida y el asesino ya ha acabado con él, ¿por qué se iba a arriesgar a andar apuñalando a más gente?

La resolución del misterio ocurre casi igual al libro, con la diferencia de que la película busca el dramatismo. Está muy bien que nos muestren a los personajes destrozados por la desgracia que sufrieron con el caso Armstrong y atormentados por el asesinato que han cometido, pero esto no es extendible a Poirot. Al ponerle una personalidad tan perfeccionista en la película dan lugar a una situación en la que el detective, tras resolver el misterio, se ve incapaz de encubrirlo, ocurriendo entonces la violenta situación en la que pide que le maten. Debo admitir que esta escena, aunque no sea de mi agrado, concuerda con la personalidad de Poirot en la peli, y no así en la novela, pues el Poirot del libro nunca habría perdido la compostura de esa forma, y no tiene ningún problema en ocultar el misterio y encubrir a los sospechosos. Precisamente ese es el motivo de que se invente la primera explicación. No tiene tanto sentido en la adaptación pues, ¿para qué iba a ofrecer la primera explicación sabiendo que es incapaz de ocultar la segunda?

Finalmente, Poirot abandona el tren y alguien le dice que le esperan en Egipto, que ha habido un asesinato en el río Nilo. Guiño clarísimo a la novela “Muerte en el Nilo” y que muestra que hay intención de iniciar una saga de películas de las novelas de Agatha Christie, lo que resulta emocionante.

En definitiva, no es una mala adaptación, pero no se le ha sacado todo el provecho que se le podría haber sacado. Como puntos positivos, los actores, las imágenes del tren, una trama que no varía del libro, un buen protagonista. Como puntos negativos, intriga a la que no se le ha sacado todo el partido posible, escenas innecesarias y un exceso de dramatismo hacia el final. A la película le falta ser un poco más detectivesca, y el encanto de misterio clásico del libro. Además, la banda sonora tampoco es destacable. Esperemos que para la próxima corrijan estos errores y terminen de perfilar ciertos detalles que harán que la adaptación mejore y sea redonda por completo.

 
VALORACIÓN DE LA ADAPTACIÓN: 6,5/10



6 comentarios

  1. "Hay una dejadez con estos detalles que me resulta alarmante,"..."al igual que al orden en el que se han sucedido los hechos durante la noche, y que es uno de los pilares de la novela. Se echa en falta pues una explicación o razonamiento por parte del detective"

    Estoy totalmente de acuerdo en estas afirmaciones; me gusta el reparto, me gusta la imagen...pero el razonamiento por el que el detective deduce el crimen esta mal expresado y no se le ha dado la importancia que merece esta novela.

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    1. Sin duda es la parte de la novela que peor llevada está a la pantalla.

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  2. Muy de acuerdo con todo. Realmente el fallo de la película siempre radica en querer ofrecer un blockbuster en lugar de una película de misterio. Algunos vamos al cine a disfrutar del cine. A disfrutar de buenas adaptaciones y otra cosa que no sea la acción. Y ahí es donde se pierden en ofrecer mas de lo mismo y no en ser únicos cuidando los detalles, dando pausa en las explicaciones o inventandose cosas. Me gustaría apuntar que esa personalidad extravagante es mas Sherlock y ciertamente no quiero ver a Sherlok quiero ver al señor Poirot.

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    1. Cierto, esa manía de meter acción donde no se necesita es insufrible. Si hubieran pausado más el ritmo y se hubieran recreado en las explicaciones y cuidado los detalles, como bien dices, la película mejoraría mucho.

      Me parece muy curiosa esa comparación con Sherlock, un detective que se caracteriza por su extravagancia, por sus chifladuras, mientras que Poirot en la novela es un detective serio y profesional. El querer darle esa extravagancia lo acerca más a Sherlock, y es cierto que deberían haberse alejado de ese personaje para hacer más único a su detective.

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  3. Buenos días

    Totalmente de acuerdo contigo, llego desde la iniciativa Seamos Seguidores, espero verte por mi blog Nomáscuentosdeprincesas
    Saludos

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- Oye, Todd, esta persona ha leído la entrada y no ha publicado ningún comentario.
- Espera un poco, Tedd. Dale tiempo para que pueda escribirlo.
- No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.
- Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.

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