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domingo, 3 de diciembre de 2017

Por una rosa, de Laura Gallego, Benito Taibo y Javier Ruescas



“Por una rosa” es un libro compuesto por tres relatos, escritos por Laura Gallego, Benito Taibo y Javier Ruescas, siendo cada uno de ellos una reinterpretación de cada autor del clásico cuento de “La Bella y la Bestia”. Con semejantes autores dando su versión de mi cuento y película Disney favorita desde la infancia, tenía mucho interés y curiosidad en esta lectura. Para mi gran alegría y disfrute, los tres autores nos ofrecen tres historias muy diferentes entre sí, en las que he encontrado lo que esperaba y mucho más, consiguiendo emocionarme como hacía tiempo que no lo hacía con un libro. Por lo tanto, en esta entrada, como excepción a la norma general del blog y antes del análisis con spoilers, haré una pequeña reseña del libro sin spoilers en la que plasmaré mis opiniones generales acerca de él.



RESEÑA SIN SPOILERS

Es cierto que los autores se han basado en el cuento de “La Bella y la Bestia”, original de  la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve (1740), que reescribió Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en 1756, y que fue llevada al cine por Walt Disney en 1991 (ganadora de dos Óscars  y primera película de animación nominada al Óscar a mejor película) entre otros, pero los relatos acaban siendo muy diferentes al cuento que todos conocemos. Los escritores dan no uno, ni dos, sino muchas vuelcas de tuerca a la clásica historia de Bella y Bestia, aunque siempre manteniendo elementos de la historia original y sus posteriores versiones, teniendo en común todos ellos la rosa. Así pues, durante la lectura viajamos desde un puro cuento de hadas y la magia que los caracteriza hasta la más cruda realidad, pasando por una combinación de ambas situaciones con toques incluso de ciencia-ficción, derrochando emoción en cada uno de los casos, y todo ello combinado con una elegancia y discreción admirables que hacen las delicias de los lectores.

El relato de Laura Gallego es, bueno, muy Laura Gallego. Cuento de hadas en estado puro que tienen la magia, fantasía y originalidad como ingredientes principales, a la altura de lo que nos tiene acostumbrados. Benito Taibo nos ofrece un relato realista, rompedor, sorprendente, completamente alejado del anterior, que personalmente no me esperaba para nada, que aporta un toque muy diferente, necesario y original a esta lectura y con el que me he emocionado a más no poder. Por su parte, Javier Ruescas en su reinterpretación sorprende con un relato único que comienza casi como un cuento para girar a lo largo de la lectura y acabar siendo algo muy diferente a lo esperado inicialmente, encontrando el equilibrio perfecto entre ambos extremos. 

Los tres relatos se alejan mucho del cuento inicial en el que se basan aunque logran mantener su esencia, y a pesar de ser muy diferentes entre sí y ofrecernos puntos de vista muy distintos todos ellos tienen en común la originalidad que logra sorprender al lector. Sin duda, una lectura muy recomendable.


ANÁLISIS CON SPOILERS

Ahora sí, tras lo expuesto en la reseña sin spoilers, vamos a analizar con más profundidad cada uno de los relatos, así que si no has leído el libro, no sigas leyendo.


“El zorro y la bestia” es el relato de Laura Gallego. Magia, seres fantásticos, puro cuento de hadas. Es el único relato que prescinde de alguna manera del personaje de Bella, aunque Magnolia, el hada madrina, es la que está más cerca de representarlo. Laura nos ofrece un mundo en el que animales como los zorros, lobos y osos son Ancestrales, criaturas con un elevado poder mágico, capaces de transformarse en humanos a su antojo y de hablar como ellos. Las explicaciones de este mundo no se dan como tal, por lo que el lector lo va descubriendo poco a poco a lo largo de la lectura y se da la libertad de que lo moldee y lo imagine, en cierto modo, a su manera, lo que aporta mucho encanto a la lectura. 

Así, nos encontramos con un relato nada sencillo a pesar de ser el que más se parece al cuento original, pues la historia entre el hada madrina Magnolia y el príncipe convertido en Bestia es más compleja de lo que parece en un principio, en el que la mala parecía el hada, tildada de bruja. Finalmente, descubrimos que la versión que nos da el príncipe es falsa, y que el hada se convierte irremediablemente en bruja accediendo a sus deseos, por el único motivo de complacerlo, ofreciendo un sacrificio que acaba siendo la desgracia de ambos. El zorro Ren actúa como hilo conductor en este relato, que finalmente no recuerda la verdad que acaba de conocer, pero que el lector no olvidará.
Laura Gallego mantiene como elementos del cuento original el castillo encantado y el hechizo a los sirvientes, aunque están paralizados en vez de convertidos en objetos, el aspecto de la Bestia, muy parecido al de la película de Disney, el espejo mágico donde Ren conoce la verdad y la relación entre príncipe y hada madrina, que aparece similar en el relato original de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve. Además, menciona también animales parlantes presas de hechizos de amor que sólo se romperá con un beso de amor verdadero, como las clásicas ranas, convirtiéndolo en obra de Magnolia. Y, por supuesto, no podía faltar la rosa, que aparece en los rosales que Ren observa al final del relato y que representa quizá una metáfora de la relación entre el hada madrina y su ahijado, un cariño bello del que las espinas, irremediablemente, forman también parte.


Y de un relato de pura magia y cuento de hadas pasamos al relato de Benito Taibo “Anabella y la Bestia”, que nos da una bofetada de realidad que nos abruma. Personalmente no esperaba encontrarme un relato tan realista de estas características como reinterpretación de “La Bella y la Bestia”, nunca se me habría ocurrido, por lo que admiro profundamente a este autor por su originalidad e imaginación. En este caso tenemos a Anabella cumpliendo el papel de Bella, mientras que la Bestia no es una persona, ni un animal: es un tren. Un tren que cruza México con destino a Estados Unidos, en el que miles de personas buscan la libertad a pesar de tener que pasar por un auténtico infierno.

De esta manera, el autor nos narra la vida de Anabella desde niña, con su madre Florinda, su pobreza, su constante lucha por querer lo mejor para su hija a la que lleva todos días a nadar y por la que ahorra dinero para un futuro viaje hacia una vida mejor. A pesar de sus pobres condiciones de vida, Anabella no deja de verse a sí misma como una princesa, como la princesa que en el fondo es. Es un relato descorazonador, completamente opuesto al cuento de hadas que podríamos esperar, y que nos introduce en una triste realidad, de una injusticia desmedida. El abandono de su padre cuando se enteró de que Florinda estaba embarazada, la pequeña y pobre casita en la que viven, la supuesta muerte que acaba con la vida de Aurelio, su gran amor, y por último, la muerte de Florinda, nos dejan sin respiración, destrozados por completo, sufriendo por la protagonista.

La vida de Anabella se alterna con su peligroso viaje en la Bestia, esta vez sola, sin Florinda, disfrazada de chico, con el dinero que su madre pudo reunir y con sus escasas pertenencias en una mochila a su espalda. Un viaje en el que somos testigos de los extremos de maldad y bondad de la naturaleza humana. Por un lado, están las pandillas que asaltan, violan y matan durante el camino, las maras, los narcos, los tratantes de blancas, que hacen del viaje un auténtico infierno. Pero, por el otro lado, tenemos a esas personas anónimas que van ayudando a Anabella a seguir con vida, como el hombre que la sube al tren o las mujeres que les llevan comida, o como ella los llama, ángeles del camino. Así, lo que esperábamos como una reinterpretación de un cuento de hadas se convierte además en una ventana hacia un mundo real y tangible, en un recordatorio de la naturaleza humana y el horror al que tienen que hacer frente millones de personas cada día, desde el punto de vista de una niña de dieciséis años de Honduras.

Los elementos del cuento que se mantienen en este relato, que a mi parecer es el que más se aleja del original, son la rosa de plástico de Anabella, así como su pasión por la lectura y su valentía.
Finalmente, por fortuna Benito Taibo nos ofrece un final feliz e inesperado, con la vuelta de Aurelio, para un relato duro y sobrecogedor, que nos hace sentir el miedo y el peligro a los que se enfrenta Anabella a cada página, un relato de los que marcan y llegan al alma, de esos en los que no acabas siendo la misma persona tras haberlos leído. Bajo mi punto de vista, magistral reinterpretación de un cuento clásico.


Por último, “Al cruzar el jardín” es el relato de Javier Ruescas, del que después de los dos anteriores no sabemos qué esperar. Su versión comienza con un castillo, con su jardín, muralla y foso, y casi nos transmite otra vez a esa sensación de cuento de hadas que abandonamos con el primer relato, aunque no llega a serlo nunca. Ruescas se mantiene a medio camino entre el cuento y la realidad, despuntando al final con ciencia ficción, por lo que se mantiene alejado del ambiente de los dos relatos anteriores, resultando ser muy diferentes todos entre sí.

En esta ocasión volvemos a estar en un castillo, pero sin saber qué hay más allá del bosque que lo rodea. Conocemos a Alainn, un muchacho que vive con su padre, que tiene un miedo incondicional por el exterior. Ese terror que los padres del chico sentían nos hace saber que se escondían de algo, y desde el primer momento se nos crea una sensación de alarma permanente. El hecho de que el relato esté escrito en segunda persona, algo bastante inusual, hace que nos pongamos en la piel del protagonista, y sentimos la situación dirigida a nosotros directamente, sus mismas dudas, confusión, miedo y desconcierto. Tal es así que cuando conocemos a Fiara nosotros tampoco sabemos si fiarnos o no de ella, y comprendemos perfectamente el comportamiento de Alainn.

En este caso sí que tenemos una representación clara de Bella, Fiara, y de Bestia, Alainn, y sí que vemos más claramente esa historia de amor entre ellos que se va cociendo a fuego lento estando juntos en el castillo. Los elementos que se mantienen del cuento original son claros: el castillo, el vestido azul con camisa blanca de la Bella de la película Disney, el nombre de Alainn, proveniente de Alan, el verdadero nombre de la Bestia, el mantener a Fiara como prisionera, la pasión de ésta por los libros, el darle una habitación en la que quedarse, el espejo mágico, el anillo teletransportador, que aparece en la versión de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, y por supuesto la rosa, con la que Fiara se pincha y no sangra.

De este modo la historia se va formando y cada vez tenemos más curiosidad de qué es eso que hay afuera y de lo que se ocultaban los padres del protagonista, si de verdad hay un peligro y si Fiara tendrá algo que ver con ello. El relato empieza a despuntar cuando Alainn descubre que sí que es una de ellos, de los monstruos que habitan fuera, esos que aparecían en el diario de su madre: los robots. Es en este punto donde por fin el relato nos sitúa claramente en un mundo futurista, donde los robots han dominado la Tierra al más puro estilo Matrix. Muy interesante ese espejo mágico a modo de tablet y ese anillo teletransportador, que logran unir magia con ciencia de una manera muy original.
Se mezcla pues ese escenario de cuento con un futuro post-apocalíptico, y lejos de resultar forzado o no casar entre sí, estas situaciones se dan la mano y se entrelazan con total naturalidad, aportando ese toque diferente, de  frescura y originalidad al relato, que se centra especialmente en el amor, en qué es el amor en sí, y en cómo Fiara, sin ser humana, se enamora de Alainn al igual que él se enamora de ella, y que queda ampliamente demostrado. El final deja entrever que Fiara finalmente logra reencontrarse con Alainn, acabando felizmente juntos de nuevo.


En definitiva, “Por una rosa” es un libro con relatos preciosos, que reúne tres obras de arte de tres grandes autores.



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- Espera un poco, Tedd. Dale tiempo para que pueda escribirlo.
- No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.
- Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.

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